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Su inclusión en el grupo segundo de la clasificación
de la Federación Cinológica Internacional demuestra que el pastor
del Cáucaso es un perro de pastor, aunque por encima de todo es un perro
de montaña. Se trata de un animal claramente más potente que la
mayoría de sus congéneres cuya función más importante
consiste en guardar el ganado, las personas y los bienes de éstas. Por
consiguiente, tiene muy poco que ver con cualquier perro de compañía
tal como se entiende normalmente que son éstos, y no porque sea inútilmente
agresivo con sus dueños sino sencillamente porque tiende a dominar a
quienes le rodean. De ahí que su educación requiera mano firme
con guante de seda.
Cuando es muy pequeño, el pastor del Cáucaso es una encantadora
bola de pelos de andares torpes. El aspecto que tiene entonces es lo que más
gracia le hace a la gente. Pero en todo caso conviene llevar cuidado. Quienes
quieran tener el animal por su simpático aspecto se expondrían
a más de un chasco después; este perro de unos cincuenta kilos
no está dispuesto en absoluto a convertirse en un camarada de juegos
de los niños – con los que todo lo más podría desempeñar
una función de protección - ni a quedarse tranquilamente echado
en la alfombra del salón. No tiene nada de perro de interior; por una
parte, porque su imponente envergadura se lo impide, y, por otra parte, porque
necesita grandes espacios para moverse a sus anchas. En eso resulta menos civilizado
que el montaña de los Pirineos o el san bernardo que se reconvirtieron
hace ya tiempo.
No obstante en su aspecto funcional, tenemos un perro de imponente físico,
que no intentará imponer su jerarquía sobre ningún integrante
del grupo familiar, aceptando las órdenes de “todos” sus
dueños incluídos niños.
Como prueba de su bajo nivel de dominancia baste mencionar que ni siquiera juega
a morder con sus dueños, a los que defenderá inmediatamente en
caso de agresión.
Recordemos que en el Cáucaso protege cabras del ataque de lobos, osos
y jaguares. Lo que lo convierten en un guardián especializado al que
no debemos instruir para esta tarea.
En cambio, el pastor del Cáucaso le irá como
anillo al dedo a las personas que busquen un animal fiel, capaz de protegerlos
en cualquier situación. Cancerbero impresionante, guardará de
un modo feroz la propiedad de su dueño, mostrándose visceralmente
desconfiado con los extraños. El estándar oficial penaliza cualquier
ejemplar que muestre signos demasiados evidentes de sociabilidad. De modo que
conviene tener cuidado cuando se tiene delante un perro así; un gesto
que hay que evitar es el de tenderle la mano maquinalmente salvo que lo haya
indicado su dueño. De todos modos, subrayemos el notable equilibrio que
muestra este perro de montaña cuando el dueños está en
casa y no ocurre nada anormal. Tiene una salud robusta por lo que apenas habrá
que prestarle ningún cuidado en especial. No le costará nada dormir
fuera y bastará cepillar periódicamente su abundante pelaje para
que tenga un buen aspecto.
En síntesis si la elección se inclina hacia un perro de gran porte,
excelente guardián, rústico respecto de cuidados y alimentación
y 100% confiable con los integrantes de la familia. El pastor del Cáucaso
reúne estos requisitos y devolverá su afecto con cariño
y una fidelidad enorme como su tamaño.